El legado eterno de una actriz que desafió los moldes de Hollywood

Con su elegancia excéntrica y su humor inteligente, Diane Keaton transformó el cine norteamericano rompiendo estereotipos con estilo y libertad. El ciclo Las revoluciones de Diane Keaton en el Centro Cultural Munro celebra su legado a través de clásicos que marcaron distintas etapas de su carrera. Cada película revela a una actriz que cambió las reglas riéndose de ellas.
Jueves 11 de diciembre > 18.30 h
EL CLUB DE LAS DIVORCIADAS Dir. Hugh Wilson / EE.UU. / 1996 / 103’ / +13

En esta comedia con trasfondo serio, Keaton se ríe de los moldes, se ríe de ella misma, y lo hace con una libertad que invita a la empatía. Su humor no es liviano por superficial, sino teñido de reconocimiento: reconoce sus vulnerabilidades, sus risas retenidas, los tropiezos y las sorpresas. Keaton construye una presencia que es variada, vivaz y profundamente humana. La vemos encarnar la resiliencia sin renunciar a la gracia; un modelo de mujer que se sigue reinventando sin abandonar lo que la hace única.
Domingo 14 de diciembre > 18.30 hs
ALGUIEN TIENE QUE CEDER Dir. Nancy Meyers / EE.UU. / 2003 / 128’ / +13

En esta etapa más madura de su carrera, Keaton demuestra que su encanto no se desvanece con el tiempo: al contrario, se profundiza. Su personaje ya no es la joven inquieta de antaño, sino una mujer con historia, con deseo y con inteligencia que sigue insistiendo. Esa versatilidad, esa disposición a llegar con nuevas generaciones permitía ver sus líneas de expresión sin renunciar a su poder. En definitiva, Keaton aquí es la prueba de que la audacia no tiene edad y que la sofisticación puede coexistir con la ternura y la irreverencia.
Domingo 21 de diciembre > 18.30 h
ANNIE HALL Dir. Woody Allen / EE.UU. / 1977 / 93’ / +13

Aquí Keaton no sólo actúa: crea un personaje que se convierte en ícono de libertad estilística y de pensamiento. Su Annie revoluciona los códigos del romanticismo al vestir con corbatas, chalecos, gafas grandes y ese aire despreocupado que parecía borronear los límites entre géneros. Esa mezcla de humor, torpeza encantadora y mirada inteligente es precisamente la “revolución elegante” que se le atribuye: Keaton tomó el cliché del amor y lo volteó con gracia. La interpretación le valió el Óscar y marcó un antes y un después en la forma de verla: ya no sólo como musa sino como creadora de su propio espacio en el cine.
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